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jueves, 18 de febrero de 2010

La Red. (5)


CAPÍTULO 5

VIERNES


Los días sucesivos se desarrollaron en una extraña normalidad. La Red creó grupos de reconstrucción para las ciudades afectadas por la guerra, así como una primitiva policía armada formada por los ex oficiales de ambos bandos que aceptaron trabajar para ella a cambio de promesas de buena voluntad, buena retribución y protección y ayuda a sus familias. Ordenó que, aquellos que pudiesen, regresasen a sus empleos habituales, y que los que no tenían un trabajo o lo hubiesen perdido durante la contienda acudiesen a las oficinas provisionales de colocación. 
Su talante en aquellos primeros meses infundió confianza en los habitantes del planeta, hartos de una guerra que había costado millones de vidas y cantidades ingentes de dinero destinado a armas, tecnología y tropas. Aquella vuelta a la rutina era más esperada de lo que muchos hubieran osado a apostar, y una gran mayoría de personas pusieron el hombro para ayudar a levantar su mundo devastado. Pocos fueron los que se negaron a trabajar para un ente incorpóreo y desconocido, y Ella no le dio importancia, en principio.

domingo, 31 de enero de 2010

La Red. (4)



CAPÍTULO 4

JUEVES

Hacía horas que se había hecho el silencio más absoluto. Ningún sonido entraba desde la calle en aquella madrugada. Raun caminaba lentamente entre la ventana de la sala que daba al exterior y su cama. No se había acostado. En toda la noche había abierto otras dos veces la puerta y tratado de averiguar si alguien se movía en el edificio. Pero todo parecía muerto.

sábado, 30 de enero de 2010

La Red. (3)


CAPÍTULO 3

MIÉRCOLES

Las pantallas se apagaron emitiendo un chasquido sordo seguido de un ligero zumbido. Después, nada. Comenzaron a oírse voces ordenando a los técnicos que recuperasen la comunicación de inmediato. Carreras, gestos de impotencia... Algo escapaba al control de los informáticos, o los satélites habían caído. Los gritos comenzaron a enervar la situación, y los embajadores de varias naciones abandonaban la sala.
De pronto, el zumbido que había sido la agonía lenta de aquellos minutos elevó ligeramente su intensidad. Poco a poco aumentaba de volumen, haciendo resonar ya las paredes del recinto. Continuó creciendo en fuerza hasta que obligó a todos los allí congregados a taparse los oídos con las manos y a gritar en una mueca de dolor. Pasaron unos segundos, y tal y, como había venido, aquella frecuencia atronadora desapareció, dejando en un silencio frío la sala de comunicaciones. Algunos hombres se levantaron lentamente, mirando con recelo a los altavoces integrados en las paredes. Sin embargo, intuían que aquella calma no estaba hecha para durar. Paulatinamente las pantallas volvieron a encenderse, una detrás de otra, mostrando un brillo grisáceo y titilante. Formas confusas iban dibujándose poco a poco, dejando ver que lo que en ellas se mostraba no era ni mucho menos la sala de comunicaciones de la Alianza Oriental.

miércoles, 20 de enero de 2010

La Red. (2)

CAPÍTULO 2

MARTES

En realidad, todo había sido de una sencillez absurda. La capacidad de cálculo de los ordenadores progresaba a una velocidad imparable. Los servidores acogían más y más información de manera exponencial. Y, mientras tanto, la humanidad se desesperaba y los principales dos bandos contendientes (EE.UU. y sus aliados, y China e India y los suyos) trataban inútilmente de mejorar sus armas nucleares y sus escudos antimisiles. Ambos bandos avanzaban de manera pareja, y sin fin se sucedían a centenares de kilómetros sobre la superficie de la Tierra explosiones nucleares que iban formando un cinturón de asteroides metálicos que ya comenzaban a ensombrecer el Sol en algunos lugares. Pero la guerra no se decantaba hacia ningún lado...

martes, 19 de enero de 2010

La Red. (1)



Atmósfera: http://www.youtube.com/watch?v=fpWNimba344

CAPÍTULO 1

LUNES

Cuando se despertó pensó, sin saber por qué, que aquel lunes iba a ser un día para olvidar. Y tal vez hubiese hecho bien en fiarse de su instinto. Pero en lugar de eso, como todos los días, como todos los hombres y mujeres de su ciudad, se levantó y se dirigió con desgana hacia el espejo del baño.
Allí no estaba la solución, claro. Las ojos hinchados, las incipientes arrugas, las primeras canas, daban a su rostro el aspecto de un mapa; un recorrido por todos y cada uno de los momentos duros que habían forjado su camino. La ducha mejoró un poco su malestar, y posiblemente el frío al salir de ella le hizo olvidar sus opiniones iniciales respecto a un lunes que, al fin y al cabo, tenía muchas posibilidades de ser tan normal como cualquier otro.
Trabajaba en una fábrica. En La Fábrica, si somos realistas, dado que no había otra ni cabía la posibilidad de trabajar en otro sitio.

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