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martes, 12 de abril de 2011

Temores


Temo que llegue la noche, con ese paso inquietante que se cuela por cada uno de estes poros que conforman mi piel. Me asusta tanto quedarme conmigo misma, con este desvarío que baila un vals en mi mente cada noche, con la inquietud de este alma errante que se fuga de un cuerpo que ya no quiere. Ya sólo me queda por amiga la luna, que me sigue y me acompaña, que dirige cada una de estas lágrimas hacia este suelo infértil que navega bajo mis pies. Le temo a la noche, a mis fantasmas, a los monstruos esquivos que deambulan por mi salón: vigilantes, acechantes, esperando a que cometa sólo un error. Temores, miedos irracionales que cuelgan de mi lámpara, que se extienden como una hiedra, cubriéndolo todo a su paso, ocultándolo a estes ojos que ya no quieren ver. Pero pronto amanecerá, y con el calor de la mañana se evaporará la angustia, y volveré a sentir que la luz lo inunda todo, que merece la pena seguir hasta que de nuevo caiga la noche...

viernes, 1 de abril de 2011

Felicidad


La felicidad que nos produce luchar por aquello que deseamos,
por aquello que queremos conseguir,
se evapora en el mismo instante en el que lo conseguimos.
Es tan utópica esta felicidad, como lo son de irreales, los objetivos
inalcanzables que nos proponemos.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Manual del buen escritor

No hay escritor que se precie, o que lo aprecien, si no va escondido tras unas gafas de oscura y dura pasta. Tras esa apariencia miope, que no le deja ver el mundo tal cuál es, que se le muestra borroso y engañino, ha de vivir un buen aprendiz. Un poco desaliñado y bohemio en el vestir, con ese aire de pesadumbre que deja un rastro al pasar como si llevase puesto Chanel nº 5. Estoy segura que, en un principio, ni siquiera hace falta saber de la complejidad gramatical de altos vuelos, de metáforas y sinalefas, de prosas y poesías. Tan solo es conveniente asumir tu papel, ese rol que decides emprender una mañana al levantarte, y luego llevarlo a cabo. Tendríamos que hacernos con un foulard o con una bufanda gruesa y enrrollándola en el cuello nos será más fácil esconder esas palabras que  mascullamos al caminar por la calle. Luego el resto del atrezzo va en el gusto de cada uno; los hay que siempre van provistos de paraguas, incluso en pleno mes de agosto, seguramente este tipo vayan para poetas. Es algo normal, no son capaces de ver el vaso lleno ni aunque el agua se les salga por fuera. Otros prefieren cargar cor el portafolios a cuestas, aunque hayan quedado para dar un paseo por el parque, y algunos portan siempre un libro en sus manos, como aquellos clérigos que no se separaban de su misario. Da igual la opción que se escoja, cualquiera de ellas es válida, lo verdaderamente importante es el porte, el creer que somos escritores, y que algún día alguien reparará en nosotros. Pero para que esto ocurra, no podemos aletargarnos en casa. Debemos hacer vida pública, dejarnos caer por algún café, y ante una taza humeante sacar nuestro blog y estilográfica, y con aire pensativo garabatear mientras que nuestra musa no decida visitarnos. Sin duda, también será conveniente buscar entre todos, alguno más como nosotros, y así, día tras día ocupar siempre la misma mesa y dejar que nuestras mentes divaguen sobre asuntos intrascendentes propios de nuestro oficio. Al cabo de un tiempo, la gente comenzará a reparar en nosotros, y cuando menos te lo esperes, al pasar alguien dirá: ese es escritor. Si dirá otro, lo veo a menudo mirando el mar, sentado bajo aquel olmo sin más compañía que el humo de su cigarrillo. Y el camarero que no puede reprimir el intervenir, dirá: Tiene que serlo, sólo los escritores y los locos hablan con la luna. Me lo encuentro cada noche al cerrar el bar.
Y así, sin más complejidad, que aquella que nosotros queramos darle, sólo tenemos que ponernos a escribir.
Pero claro, eso ya es otra historia.

sábado, 12 de marzo de 2011

Aire embotellado

Cuando me desperté esta mañana, nada presagiaba que este día sería recordado por nuestros descendientes. Se presentaba, a priori, como otro día cualquiera, triste y anodino, inmerso en el fin de semana. Rebusqué entre el montón de ropa sucia que se acumulaba en el sofá, y entre aquel montón de andrajos encontré un pantalón y una camiseta que estaban bastante pasables. Tras enfundarmelos, bajé corriendo a la cafetería de enfrente. No sabía porque seguían manteniendo ese nombre, siempre supuse que era cuestión de nostalgia y no que aquellos empobrecidos empresarios no eran capaces de renombrar sus negocios. Mi sitio estaba ocupado, me contrario un poco la idea de tener que esperar, pero Laura, con un ademán, me señalo que aquel cliente se iría pronto. Me acerqué a la barra, y pagué por adelantado los servicios que iba a recibir, cada vez era más insostenible la situación: la inflación tocaba techos jamás sospechados, y las continuas revoluciones en la Confederación de los Grandes, avocaban nuestro futuro a la decadencia total. Pero el vicio me superaba: había intentado todo lo posible cuando las restricciones del gobierno se habían aprobado, pero nada dio resultado. Sentada en aquel taburete mugriento, sentí como el sudor empapaba mi cuerpo, el temblor de las piernas, el decaimiento, el bombardeo de imágenes que se agolpaban en mi mente me devolvían a tiempos mejores. Laura me sujetó en el preciso instante en que estaba a punto de desfallecer, y me condujo en volandas hasta mi asiento. La sola visión de aquella máquina infernal, me arrancó una sonrisa.

jueves, 13 de enero de 2011

Me aburro...


Me aburro, siento ese amuermamiento generalizado que paraliza mi cuerpo, y sobre todo, mi cabeza; el embotamiento de mis sentidos, el sistema nervioso paralizado por unas neuronas empalagadas, hinchadas de hastío e indiferencia. Percibo, a cada instante, como esta lengua transgresora, se apoltrona cómodamente dentro de su húmedo hueco, negándose a participar de lo cotidiano.

 Me aburro de tal manera que mis oídos se han declarado en huelga, impotentes, cansados de no captar nada diferente, y ahora sólo me queda, refugiarme en el silencio del aire que viaja entre mi pelo. Apoltronada en un rincón, con mis huesos doloridos, recuerdo que una vez la aguja del reloj se movía. Rememoro, con cierta nostalgia, cuando percibía la luz del sol que entraba por mi ventana, y cuando ansiaba la llegada de la luna, porque necesitaba hablar con ella.

Sí, vivo de recuerdos, porque el aburrimiento se ha instalado definitivamente en mi vida, porque es más fácil reflexionar sobre lo que una vez aconteció, que pararse a construir lo que luego vendrá. Sospecho que he encontrado la fórmula para curar esta melancólica parálisis, pero creo que no voy a hacerlo.

lunes, 10 de enero de 2011

Cuentos

Escribir, contar, decir, hablar, soñar sobre papel lo inventado, lo que aún queda por descubrir. Cambiar palabras por unos hechos que jamás sucedieron, maquillar ese pasado, historia llena de engañifas de los que un día estuvieron y fueron. Necesito que se oiga el palpitar de mis sienes, cuando en una ecuación maquiavélica, se pone a pensar. Oigo los engranajes, chirriando; como esas ruedas acaban encontrando otra pequeña ruedecita donde encajar, y entonces, todo se pone a funcionar. Escribiendo lo que se esconde tras esa puerta, lo oculto,  jeroglíficos sin descifrar que arrastro hasta el papel buscando alguien que les de sentido. Contar, contar, contar, resuena en mi cabeza como un eco traicionero, y va dando golpecitos de un lado a otro, esperando el momento adecuado para salir afuera, como ese volcán que estalla arrastrando todo a su paso. Y sigo contando, y escribiendo, porque algo me dice ahí dentro que todo son sueños. Sueños, soñar, vivir en una ensoñación permanente sin parar a pensar de donde procede, sin intervenciones foráneas que nos digan que no sirven, que serán en ese futuro, que no llega, pasto de las llamas. Fuego purificador que todo lo soluciona, que todo lo arregla, pero que jamás tocará nuestros sueños, nuestras palabras. Cuentos que se irán con el viento allá donde nadie pueda apresarlos y anidarán en la copa más alta, a la espera de que alguien quiera oírlos. Y cuando la brisa acaricie, de nuevo, esas ramas, las historias brotarán como frutos nuevos a la espera de ser recogidos. Cuentos, cuento, en voz alta, con los dedos, el tiempo que falta para que estos engranajes suenen de nuevo.

viernes, 24 de septiembre de 2010

NO FUTURE...FOR ME?

Hay momentos en la vida en que la incertidumbre, del futuro, planea sobre nuestras cabezas como ave de rapiña. En esos instantes, en que la desesperación por lo acontecido pulsa en nuestras sienes como un martillo,¿qué deberíamos de hacer? Acaso lo mejor, sería rendirse. Podríamos cavar un pozo y hundirnos en él hasta que el barro ahogue nuestros gritos. Quizá deberíamos rasgarnos las vestiduras ante las tropelías cometidas delante de nuestros ojos, flagelarnos hasta que la sangre derramada fuese tinta. ¿Acaso serviría? El camino es duro y pedregoso, lleno de escollos, que incluso parecen insalvables. La vida nos pesa, encorva nuestros hombros la fría losa del pasado, que intenta mantenernos anclados. Cortad vuestras sogas, liberaos de ataduras y pesos inútiles, dejad paso a la incertidumbre porque lo que hoy te ahoga, mañana, será pasado.

lunes, 20 de septiembre de 2010

S.O.S

Me siento como Sigourney Weaber en "Alien". Tras despertar de mi letargo veraniego, compruebo que después de la ardua lucha del invierno, estoy sola. Sólo me mantiene viva la esperanza, y por ello lanzo este S.O.S a la Tierra, con la esperanza de que alguien oiga este mensaje, y de nuevo volvamos a la lucha, a través del interespacio.

viernes, 30 de julio de 2010

El aburrimiento y el alcohol.






La ilusión se completó  al fin con la caída del engendro alvino.
Las lágrimas dieron paso a un desfile de alabanzas inmerecidas.
El buen gusto de los que aman, apaciguó los ánimos de los exaltados.
Finalmente, las gaviotas volverán.

Dicen que cien pasos más allá del fin del mundo, en un lugar físico del mundo inmaterial, se encuentra el Pozo sin fondo de las Ideas Rechazadas. Colmado de todo tipo de pensamientos inconexos, cada trescientos años debe ser vaciado. Las frases, que como lágrimas brotan del pozo, inundan con una especie de incomprensión salina el mundo que se extiende a sus pies.

Las horas se doblan, los días se comprimen, los meses perecen a sus pies.
El Diluvio dará paso a una nueva Era. Adorad a Cthulhu de R'Lyeh.

miércoles, 23 de junio de 2010

Las Letras de la Guerra o Mr Madul

La tormenta arreciaba en el corazón de Franz. Una a una, iba arrugando las hojas que escribía. Las arrojaba a la papelera con la maestría inconsciente con la que un jugador de baloncesto lanza un triple. Sin embargo, estaba decidido a sobreponerse a toda desesperación.
Era el día, hoy por fin escribiría algo.

El mejor escritor del mundo, que nunca había escrito nada, se sentía ahogado por un mar de dudas cada vez que su pluma rozaba el áspero papel. Las palabras, irónicamente, parecían hablarle de sí mismo en términos nada halagüeños. No podía mirarlas. Cada nueva letra, un nuevo enemigo.

"Está bien, si no puedo miraros, escribiré sin mirar". Decía palabras a palabras que no le oían, mientras apretaba los ojos con expresión de pesadez abdominal. Su mano apuró unas cinco líneas que por su inclinación, bien podrían desafiar a todo el pelotón del Tour. Nada mal, para haberlo escrito a ciegas.

Entreabrió un ojo para ver lo que había escrito. "Nada" - observó sobresaltado. Allí descansaba desafiante y limpio el papel blanco. Lo miró con aspereza - "Un papel áspero sí, ya me lo advirtió Damien. Sí, dijo: este es un papel demasiado ásp...." - Mientras realizaba tan certera observación, vio por el rabillo del ojo que algo se movía sobre la mesa. - "¡Mon Dieu!" - Las cinco líneas de texto que habían desaparecido estaban reorganizándose fuera del papel y le mandaban a Franz todo tipo de improperios a cerca de su forma de escribir.

Por un momento no dio crédito a lo que veía. Se quedó absorto mirando el curioso vaivén de aquéllas pequeñas hormigas aletradas, los curiosos insultos que recibía, el circo absurdo que había brotado de la tinta de su pluma.

Las letras parecían cada vez más agitadas. Una B mayúscula, usando una D como arco, le lanzó una I a la cara a Franz. El impacto sobre los gruesos cristales de sus gafas los despertó. "¡Aaaaaaah! - Un sonoro golpetazo, como golpear a un árbol hueco con un hueso, sucedió a la pérdida de verticalidad de la silla. Las gafas de Franz salieron volando. El cegato, apalpando el terreno, al fin encontró las maltrechas lentes. Varias letras se habían reunido y parecían blandir la pluma de Franz sobre Señor Áspero. Habían dibujado toda una suerte de artilugios de guerra, y unas mayúsculas de considerable tamaño parecían blandir espadas de tinta y caminar hacia él.

"¡Aviones!" - lo bombardeaban desde el techo. Con una mezcla de pánico e instinto de supervivencia, giró sobre sus talones con intención de salir disparado de allí. "¡¿Rodeado?!" - Era demasiado tarde. El ejército que sin querer había traído al mundo, parecía demasiado fuerte para él. - "¿Qué hago? Aaaaaaah, ¡esto es una locura!"

Una avanzadilla de infantería alfabética había llegado a la suela de sus zapatos. Parecían portar algún tipo de ariete, sin embargo daban vueltas en torno a los mocasines sin hallar la puerta que querían derribar.

Los arqueros lo bombardeaban sin piedad desde el borde del escritorio. Como en toda guerra, corrían ríos de tinta narrando lo que acontecía, la camisa de Franz así lo atestiguaba.

Entre tanto, Franz daba vueltas sobre sí mismo a la vez que hacía exagerados aspavientos con las manos. Parecía algún personaje de una serie de humor haciendo uno de sus números estrella, o el típico indio de spaghetti western que danza en torno a una hoguera, pero claro, ¿cómo combatir a tal enemigo?.

Y así, mientras el mejor escritor del mundo sentaba las bases acerca de la eterna lucha autor-obra, un aullido lejano, posiblemente de un chotacabras, resonaba en la lejanía, distorsionado eso sí, por el eléctrico cántico de cuatro nubes tempestuosas que danzaban al son de las lluvia y el viento: "cshshc, fffff, cshchshch".

jueves, 6 de mayo de 2010

A veces


A veces pienso quién soy, qué soy, qué es esa imagen que veo reflejada en el espejo cada mañana; figura esperpéntica atada al mundo por sogas de locura.

A veces siento quién soy, entre la sordidez del mundo, oigo mis carcajadas que se elevan al cielo entre bocanadas de humo, que emanan de mis labios.

A veces, incluso, se quién soy. En ese momento mi alma sale a volar escapando de mi ser. Después, botella en mano, me siento en el jardín esperando a que vuelva; atraviesa la noche en silencio, juega a perderse, a escabullirse entre las estrellas..

Y yo, mientras, pienso, siento, no se... quién soy.

martes, 4 de mayo de 2010

Un cúmulo de incoherencias

                  Peligro, humanos.

Toalla en mano y gafas en la cabeza me dirigía con decisión y una gran sonrisa hacia la playa. Acuciada por una irrefrenable ansia de terminar de una vez mis estudios de ingeniería, de llevar al día mis tareas, en mi mente parecían haberse encendido todos  los pilotos de alarma.  El torrente de trabajo que se me venía inevitablemente encima parecía no hacer temblar a unas piernas que, con paso firme, avanzaban decididas hacia un infinito horizonte de pérdidas de tiempo.

lunes, 26 de abril de 2010

EL MUNDO EN MIS MANOS



Y tomé el mundo entre mis manos una mañana.
Le dí vueltas, lo ascendí hacia los cielos, lo dejé caer hacia el infierno.
Lo apreté contra mi pecho, para que sintiese el calor materno.
Le dí una y mil formas, lo esculpí de nuevo.
De vez en cuando lo acercaba hasta mi boca,
y mi paladar saboreaba cada resquicio de vida que emanaba.

Y tomé una copa entre mis manos una mañana.
El mundo se agitaba dentro.
Llevé la copa a mis labios,
entonces sentí mi alma, ardiendo.

Al ponerse el sol,
embriaga de vida soñé...
Soñé que bebía la noche,
Soñé que el mundo era mio,
Soñé que todo... era posible.

viernes, 23 de abril de 2010

INVENTEMOS....



Inventemos otros sueños,
que nos dejen soñar.

Inventemos otras reglas,
que nos dejen ganar.

Inventemos otro mundo,
que nos deje vivir.

Empecemos de nuevo, en otro lugar,
tendamos hilos invisibles hacia el mar.

Por fin

- Jesucristo fue el primer comunista

- No, que dices, Jesucristo fue el primer Punk, "muere joven y deja un bonito cadáver"

Saludos ególatras

martes, 13 de abril de 2010

Un día quise creer, quería poder confiar,
empaparme de vida, de conocimiento;
tarde me di cuenta, craso error el mio.

Juré que aunque me costase la vida,
no volvería hacer mio el sufrimiento ajeno,
que no me rendiría jamás ante el falso verbo.

Pero, a quién quiero engañar.
Soy así, débil es la condición humana.

Volveré a equivocarme una y otra vez,
me caeré y me levantaré de nuevo con fuerzas renovadas,
para volver a creer, para volver a confiar.

Necesito empaparme de vida aunque me falte el aliento.
Siento mi mente vacía,
el viejo verbo ya no sirve de alimento.

Volveré a creer, si, y volveré a confiar,
porque así es, la condición humana.

jueves, 8 de abril de 2010

El enésimo arte: La lectura ¬¬



Hasta hace poco más de 3 días (en realidad exactamente 3 días, pero me parecía más dramático escribirlo así), para mí la lectura consistía en devorar libros a velocidades ultrasónicas, para hacerme la idea de estar viendo una película. Nunca se me pasó por la cabeza sacar nada más en limpio que una buena historia, una de esas que te emocionan, o que te mantienen en tensión y hacen que leas aún más rápido.

sábado, 3 de abril de 2010

Recuerdos

¿Somos nuestros recuerdos?
Me pregunto cómo sería mi vida hoy, simplemente con unos recuerdos diferentes.
Lo más probable es que en los momentos críticos de la vida, según el camino que elijas, tus futuros posibles serán muy diferentes. Con distintos recuerdos, mi yo actual se encontraría, posiblemente, en una situación totalmente diferente, incluso con una distinta personalidad y aspecto... En mi opinión, con otros recuerdos sería una persona complentamente diferente, con lo que... sí, somos nuestros recuerdos.
Cada día nos levantamos y actuamos en base a lo que recordamos, a unas costumbres arraigadas en lo más hondo de nuestras mentes con el paso de los años.
Salimos a la calle y vemos gente conocida o desconocida en base a lo que recordamos. Si nos olvidásemos de nuestra madre (un suponer) esta pasaría a ser una desconocida.
Creces, y la gente de tu alrededor va creando recuerdos en tu mente que te van moldeando y van haciendo cierta persona de ti.
Estudias (?), viajas, amas... todo ello va creando recuerdos en tu interior que van definiendo la persona que eres.
Olvidas.
Un paso atrás. Cada vez que olvidas algo es como si perdieses un pequeño trozo de ti mismo.
Con el paso del tiempo, los recuerdos van cayendo en el olvido. Otros son deformados y sustituídos por ilusiones creadas a partir de un recuerdo olvidado.
Está claro que hay recuerdos dolorosos, pero... un olvido, siempre será más doloroso que cualquier recuerdo horrible.
 Si algo me da miedo en esta vida, es olvidar las cosas que en algún momento fueron importantes.

Si en algún momento te olvido, amor mío, ese ya no seré yo.

martes, 23 de marzo de 2010

Aquellos maravillosos cerdos

Desde luego, no es fácil ser un cerdo egoísta.
Uno debe estar muy seguro de sí mismo, de lo que dice y de lo que hace. No se puede dudar nunca. Incluso en esos momentos en los que tras cinco minutos de discusión caes en la cuenta de tu error... hay que seguir. Antes se pierde una copa o lo que te quieran apostar que tu orgullo.

Siéntete cerdo. Lo eres. Mira que te duchas a diario y eres un auténtico cerdo egoísta. Vas con la razón por delante, a todas partes, sabes que es tuya y si no lo es, te da igual. Naciste gruñón y morirás gruñón. Disfrútalo. Mereces un hueco en nuestro blog.

martes, 2 de marzo de 2010

El Camino de Vuelta a Casa.

Un relato que escribí tiempo atrás. Inspirado por pensamientos que dedicaba a algún hipotético libro de terror jamás escrito, mientras volvía de camino a casa tras una agotadora jornada… Al final del relato, como siempre, me pierdo en mi particular revolución anti-sistema… simplemente, un poco de paciencia por favor :D . Ahí lo dejo.


El camino de vuelta a casa. Todos los días el mismo camino. Cuesta arriba, cuesta abajo… subir, bajar…, derecha, izquierda… cuarenta tortuosos minutos de aburrimiento infinito. Dos mil quinientos pasos para llegar de nuevo a casa. Siempre tan oscuro y tan silencioso… Incluso las pocas casas que hay a su orilla, parecen encontrarse a mil kilómetros de distancia. Sombras recortadas en las ventanas parecen decirme adiós con la mano, pero sé que no lo hacen; ni siquiera saben que estoy aquí.

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