jueves, 12 de agosto de 2010

Viajando, destino olvido




Ya no me quedan fuerzas para continuar.
El camino es duro y el alma pesa.
Son cien las vidas que dejo atrás.
Mil padecimientos los que me esperan.
¡No seguiré!

Obligado por el destino, destino olvido.

Ya no daré un solo paso más a tu lado.
El camino es duro y el alma pesa.
Un amor en pesar transformado.
El cariño, ignorado, me quema.
¡Ni un paso más!

Llegué más lejos que nadie, destino olvido.

lunes, 9 de agosto de 2010

Lágrimas de Cristal.

CAPÍTULO CUATRO





Un Sueño.

Un Sueño de una vida que nunca fue.
Me veo a mí mismo sentado en un banco del paseo, matando el tiempo, mirando el mar. Otra preciosa puesta de sol de algún día de un verano en otro mundo.
Un sentimiento de intranquilidad invade el sueño de pronto. Yo sigo sentado en el banco, pero ya no estoy solo. Mi acompañante, como siempre, enteramente vestido de negro observa con algún tipo de incomprensión a una pareja que camina por la orilla. Parece que el Hombre de Negro siempre esté espiando a parejas de novios…
No estoy intranquilo por su presencia, es algo que no termino de comprender, un ansia insatisfecha por algo que nunca ocurrió. Siento que no me puedo mover, pero tampoco lo intento. Me veo desde arriba, desde detrás, en una perspectiva en la que veo mi cogote, un sombrero negro y al fondo la playa, la orilla de la playa por la que pasean varias personas desconocidas. Sin embargo, no todas son desconocidas, David y Susana pasean cogidos de la mano, descalzos, mojando sus pies, caminando al son del incesante batir de las olas. Parecen rodeados de un aura luminosa que los destaca entre las demás personas. Puedo verlos perfectamente. Me angustio al pensar que mi mejor amigo está paseando con mi novia por la orilla.
El Hombre de Negro, de pronto furioso, se levanta y me golpea.
Una punzada en mi estómago da por terminado el mismo sueño de cada noche, esta vez, en una playa de un mundo desconocido, una situación absurda de una vida que nunca fue.

viernes, 6 de agosto de 2010

Lágrimas de Cristal.





CAPÍTULO TRES


Ya han pasado casi quince años desde que desperté aquella noche en el hospital. Desorientado. ¿Dónde estaba, cómo había llegado allí? ¿Y Susana? Ah sí, Susana ya no estaba, eso era lo único que recordaba.
Desde la penumbra, en una esquina de la habitación, surgió una gruesa voz.
— ¿Qué chaval, estás mejor ya? — a duras penas pude distinguir una silueta de un hombre en la oscuridad, un hombre con un sombrero negro, sin duda. — Empezaba a pensar que dormirías para siempre.
El Hombre de Negro caminó hasta los pies de mi cama. Pude ver el reflejo de las luces de la calle en algo que llevaba en la mano. A partir de aquí, mi mente parece estar en blanco. No recuerdo si me quedé hablando con él tan tranquilo, o si me volvió a dar otra paliza de muerte. Sin embargo estoy seguro de que algo ocurrió aquella noche en el hospital.


El Mundo Exterior.


Un día más de trabajo en la estación de trenes. Uno de los pocos días soleados de diciembre. Una tarde fría, helada. Un día como otro cualquiera.
Los pasajeros circulaban a prisa por la estación. Parecía que ninguno de ellos quisiera permanecer allí más tiempo del necesario. Aún así, una joven pareja parecía querer alargar el tiempo todo lo posible, se besaban y se despedían como si nunca más fueran a encontrarse.
En un banco, en una esquina, se revolvía inquieto un chico enfundado en una gabardina negra. Ofrecía en esta imagen una estampa singular, como la que podría ofrecer una llave inglesa puesta en la mesa como cubierto, aquel no era su lugar. Farfullaba frases ininteligibles para sí mismo a la vez que daba vueltas a un objeto de cristal en su mano. Al mismo tiempo, mirando sobre las altas solapas de su gabardina, no quitaba ojo a la joven pareja de enamorados. Por veces, acariciaba el cuchillo de monte que llevaba en su bolsillo, asegurándose de que siguiera allí.
Los enamorados se despidieron, el tren se marchó. Como en una película del oeste, cabalgó al trote y después al galope, hacia la puesta de sol. Una hermosa tarde que llegaba a su fin.
El reloj marcó las siete y cinco.
El joven enamorado, lloraba sin consuelo, perdido en sus pensamientos, ignorando el mundo a su alrededor.
El chico de la gabardina, caminaba en círculos, nervioso, desorientado, luchando internamente tratando de decidir qué hacer.
Nuevos pasajeros parecían agolparse en las taquillas en pos de un ticket. A las siete y diez partía el último tren del día con destino Madrid.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Lágrimas de Cristal.







CAPÍTULO DOS


Me quedé viendo como el tren se perdía en el horizonte. Su traqueteo, creciente en velocidad y menguante en volumen parecía describir con detalle nuestra historia. El reloj marcaba las siete y cinco exactamente. La manecilla encargada de señalar los segundos estaba anclada en el doce y parecía haberse rendido por fin. Hasta el maldito reloj parecía satirizar sobre la estampa que mi soledad ofrecía en la estación. Mi alargada sombra marcando las doce en punto, quieta, parada, detenida sobre un mundo en el que ya no corría el tiempo.

Tiene gracia que todavía me acuerde de este sentimiento… la manecilla de un reloj estropeado. Menudas tonterías se me pasaban por la cabeza a mis diecisiete años. Sin embargo, también recuerdo que había sido un sentimiento muy fuerte, realmente mi mundo se había marchado en aquel vagón.







sábado, 31 de julio de 2010

Lágrimas de cristal.


CAPÍTULO UNO




La manecilla del reloj de la estación recorrió con gracia los últimos pasos que le faltaban para llegar a las siete. Al mismo tiempo, el tren en el que viajaba Susana anunciaba su inminente puesta en marcha a los rezagados pasajeros que aligeraban el paso. Un niño pequeño era arrastrado a toda prisa por su madre junto con unas maletas… pronto se perdieron en el tren.
Es curioso cómo, cuando menos te lo esperas, tu cabeza se pierde en pensamientos intrascendentes, cosas en las que nunca reparas, tratando de evadirse  del dolor, ya que, en medio de todas estas cosas en las que me fijaba, estaba Susana.
-- Oye, ¿estás aquí? – me preguntó.
-- Aquí mismo – esperando lo inevitable. Está claro que mi expresión ausente hizo que se alarmara.
-- Ya es la hora… o subo, o me dejan en tierra… -- es muy fuerte, estaba intentando mantener la compostura en un momento así, aunque un creciente brillo en sus ojos delataba su tristeza.
Le acaricié su pelo, lacio y oscuro mientras la miraba y pensaba que decirle. Lágrimas comenzaron a correrle por las mejillas, aunque continuaba con su impasibilidad fingida. Sequé sus lágrimas con mi pulgar a la vez que la besaba. Sentía como mi corazón se sobresaltaba mientras pensaba que aquel podría ser nuestro último beso.


viernes, 30 de julio de 2010

El aburrimiento y el alcohol.






La ilusión se completó  al fin con la caída del engendro alvino.
Las lágrimas dieron paso a un desfile de alabanzas inmerecidas.
El buen gusto de los que aman, apaciguó los ánimos de los exaltados.
Finalmente, las gaviotas volverán.

Dicen que cien pasos más allá del fin del mundo, en un lugar físico del mundo inmaterial, se encuentra el Pozo sin fondo de las Ideas Rechazadas. Colmado de todo tipo de pensamientos inconexos, cada trescientos años debe ser vaciado. Las frases, que como lágrimas brotan del pozo, inundan con una especie de incomprensión salina el mundo que se extiende a sus pies.

Las horas se doblan, los días se comprimen, los meses perecen a sus pies.
El Diluvio dará paso a una nueva Era. Adorad a Cthulhu de R'Lyeh.

lunes, 19 de julio de 2010

UNA PARTIDA DE AJEDREZ(VI)

Tras pegarse una ducha, Carla sin otra elección se vistió de nuevo con su único atuendo, que Mario tan atentamente había lavado y planchado. Decidió acompañarlo en sus quehaceres, y así pagarle de alguna manera, todo cuánto estaba haciendo por ella. Sentada a su lado lo emuló y con una bayeta fue limpiando el polvo acumulado en el lomo de los libros. Durante un buen rato, ambos se mantuvieron en silencio, sólo de vez en cuando sus miradas se cruzaban e intercambiaban tímidas sonrisas. Tenía tantas preguntas que hacerle pero temía contrariarle, y la verdad, se había portado tan bien con ella que le angustiaba molestar a tan encantador anciano. Pero la curiosidad por obtener alguna respuesta hizo que rompiese aquella barrera y se atreviese a indagar.
- Supongo, que el camisón es de su esposa.
- Si. En efecto - le contestó tajante el librero.
- Perdone que me entrometa en su vida- continuó Carla- pero compréndame, he despertado en un lugar extraño donde no conozco a nadie y...
- Tienes razón- la interrumpió él- me he comportado como un verdadero maleducado. Espero que sepas perdonar a este pobre viejo. Llevo tanto tiempo solo que a veces me doy cuenta de lo huraño que puedo llegar a ser.
- Pero..

jueves, 15 de julio de 2010

UNA PARTIDA DE AJEDREZ (V)

Carla hundió sus manos en los bolsillos del pantalón. El verano tocaba a su fin y la brisa matutina se colaba en sus huesos. Decidida a comenzar de nuevo siguió caminando sin prever una ruta, esperando encontrar al final de aquel camino, alguna señal. A medida que avanzaba, aquella angosta carretera se mostró ante si como un río serpenteante, que cambia su curso para no adentrarse en la naturaleza. Parecía no tener fin. El sol ya estaba casi en lo alto, y en todo aquel tiempo, ningún ser humano había dado señales de vida. El desasosiego empezaba a apoderarse de sus ánimos, y con los pies doloridos, algo dentro de si la empujaba a abandonarse a su suerte. Se sentó en la cuneta y dejó que los párpados se le cerrasen. Quizá, aquello era lo que le deparaba el futuro, una muerte irremediable pondría así fin a su triste existencia.

miércoles, 14 de julio de 2010

Los Puntos de Vista: La Unión Forzada y el Acuerdo Desinteresado. (Principios)

Bueno, aquí intento ir organizando algunas ideas antes de que las olvide, como casi siempre hago. Todavía son tan solo un par de tonterías, pero espero organizarlas y desarrollarlas cuando sea un poco menos ignorante en los temas que intento tratar. Espero que no se malinterprenten, pues son solo palabras.


Desde que el hombre se desarrolló como ser pensante y gracias al nacimiento del lenguaje y la escritura, ha sido posible que el conocimiento acumulado se haya transmitido generación tras generación hasta nuestros días.
Esto ha posibilitado el aprendizaje tal y como lo conocemos hoy día.
Además, el acercamiento de la cultura y el conocimiento a la gente, de una forma casi global, posibilita que cada persona pueda ser dueña de su mente, poseedora de su propia opinión en cualquier tema.
De hecho, estoy convencido de que el mundo es totalmente diferente visto a través de personas diferentes. Cada uno posee un punto de vista propio y único que es el que define al mundo ante sus ojos. Lo que para uno es blanco, para otro es negro y ambas son verdades de carácter relativo a sus puntos de vista.
No quiero decir con esto que toda discusión sea infundada, ni que todos tenemos razón siempre, ahí es donde entran, poco a poco, los dos temas que quería iniciar hoy.

La Unión Forzada. 

martes, 13 de julio de 2010

Dios dame paciencia

Peor que el que nunca habla es el que nunca escucha. Cuantas veces e intentado entablar con alguien una conversación y antes de que finalice la primera frase ya me está interrumpiendo con palabras fuera de contexto que nada tienen que ver con el discurso original. Como los odio.

Igual que el trepa que durante un paseo de varias personas acelera el paso y se te cruza delante con la excusa de hablar con el que tienes a tu derecha. Luego reduce la velocidad justo delante de ti haciéndote perder el contacto con el pelotón.

Esos que siempre te están diciendo en que están ocupados sin que nadie se lo haya preguntado, y te enteras de hasta cuando se echan un pedo. Intentan impresionar a la gente dándose autobombo, empleando vocabulario técnico que solo los hace quedar como unos 'bobos'. No hay nada peor que alguien que se cree el ombligo del mundo, cuando no es más que la última colilla pegada en la suela de un zapato. Por si los intentas reconocer suelen tener una vocecilla aguda y desagradable, y hablan mecánicamente como los contestadores.

Son realmente repulsivos. Pero que divertido es cuando intentan comunicarse entre dos de estos espécimenes. Empiezan a pisarse las palabras y notas como se empiezan a agobiar al no tener el canal de comunicación libre. Un sudor frío les recorre las sienes y los ojos les empiezan a bizquear. Su cara se transforma en un amplio muestrario de muecas y tics nerviosos. Luego comienzan a elevar el tono de voz para intentar adueñarse de la situación y compiten a ver quien dice la tontería mas grande. Al final los dos se retiran a sus guaridas, posiblemente a las afueras de la ciudad, con la sensación de que han ganado, pero en realidad solo tienen un poco más podrida la boca.

Justo ahora tengo a dos de esos pájaros detrás de mi.

lunes, 12 de julio de 2010

Campeones del Mundo

¡¡ENHORABUENA!!

Apoyando a los Usuarios en contra del Cierre de Webs

No al cierre de webs