martes, 16 de noviembre de 2010

UNA PARTIDA DE AJEDREZ (XII)

Carla se quedó estupefacta. La barra de hierro, que aún permanecía en sus manos, fue deslizándose poco a poco entre sus dedos, hasta que se desprendió definitivamente, y cayó al suelo. Manuel descansaba sobre la butaca que había al lado de la chimenea; con un pañuelo secaba el hilillo de sangre que brotaba de su nariz.
- Ven - le insistió un par de veces Matías, siéntate aquí a mi lado.
Carla obedeció. Como si de un autómata se tratase se dirigió hacia la cama, y se sentó allí, donde el anciano le estaba indicando. Su mirada opaca y vacía permanecía fijada en el infinito; en algún punto de aquella pared que tenía enfrente, un agujero negro parecía querer tragársela. Matías acarició su pelo delicadamente, con un par de dedos separó los mechones que se le metían en los ojos, en un último intento por arrastrarla de nuevo a esta vida.
- Ya sé que ahora mismo no tienes ganas de hablar - volvió a decir el viejo - pero debes de escuchar a Manuel. Deja que te cuente todo lo que ha ocurrido estos años...
- ¿Qué le deje qué? - lo interrumpió estrepitosamente.
Manuel, cojeando, se levantó de la butaca y se dirigió hacia la cama. De camino agarró una silla que colocó frente a Carla.
- Escúchame, por favor - le suplicó Manuel. Entiendo que estés enfadada, incluso entiendo esa mirada de odio. No he venido hasta aquí para recuperar estos veinte años perdidos, ni para ocupar ese lugar de padre que nunca ocupé. Sólo he venido a prevenirte, a ocuparme de ti para que ellos no acaben contigo.
- Dame una sola razón para que te crea. Tras todo este tiempo, sin saber de mi, ¿ahora sientes la vena paternal y quieres cuidarme? No te puedo creer. No os puedo creer. Me voy - y levantándose se apresuró a abandonar la habitación. Manuel la sujetó por un brazo, impidiendo que abriese la puerta. Carla se giró y levantando el puño en alto, lo dejó caer sobre la cara de su padre, intentando así zafarse de su captor. Al no conseguirlo, Carla se dejó caer de rodillas en el suelo, y se echó a llorar. Manuel se sentó a su lado y la abrazó, dejó que ella recostase su cabeza en su hombro, y durante un buen rato permanecieron así hasta que Carla dejó de sollozar.


Ya era tarde, y a pesar de todo lo acontecido, los estómagos de ellos tres se revolvían ante la falta de comida. Carla decidió bajar a la cocina, y al cabo de unos veinte minutos, volvió a la habitación donde había dejado a Manuel y a Matías, con tres grandes boles de sopa. Acomodaron a Matías en la butaca donde, unas horas antes, se había recuperado Manuel, y luego ellos dos se sentaron a su lado sobre una gran alfombra de pelo sintético.
- Estoy ansiosa por oír lo que tenéis que contarme - dijo en tono sarcástico. Espero que haya suficiente leña aquí arriba para avivar el fuego, si no pasaremos mucho frío esta noche.
Los dos hombres sonrieron y siguieron dando cuenta de aquella sopa. Entonces Matías comenzó el relato.
- Un día te conté la gran afición que mi mujer sentía por los libros, ¿verdad? Pues esta historia tuvo su inició así, recopilando libros. Un fin de semana decidimos que viajaríamos hasta la frontera en busca de algún ejemplar raro. Hicimos las maletas y viajamos toda la noche. A la mañana siguiente, paramos en el primer pueblo que encontramos y buscando una cafetería donde desayunar vislumbramos una pequeña librería. Cuando Inés ya había desistido de seguir buscando, algo en un caja, llamó su atención. Era una especie de pergamino, pero de mayor tamaño. Aunque no sabía muy bien de que se trataba, le pareció curioso, y se empeñó en llevárselo. Ahí empezó nuestra peor pesadilla, desde entonces nos hemos visto envueltos en un juego que nunca quisimos jugar ninguno de nosotros. Supongo que al principio nos atrapó la curiosidad, pero luego con el devenir de los años, se convirtió en una pesadilla para todos. El pergamino está escrito en un dialecto que se hablaba en la provenza francesa allá por el siglo IX ó X. Tardamos un tiempo en traducirlo, luego al buscar información, no disponíamos de horas suficientes para dedicarnos a ello. Entonces, tras consultarlo con mi mujer, decidí que algunos alumnos de mi confianza nos ayudaran. Tu padre, era uno de ellos.

2 comentarios:

Serch dijo...

:D un aura de misterio sobre un manuscrito de siglos atrás... nuevo best-seller de fini Brown, jeje, está entretenido y me parece que te van a hacer falta unos cuantos capítulos para poder acabarlo.

fini dijo...

pues pensaba finiquitarlo en breves, pero bueno, igual lo alargo otro poco, ya veremos. No quiero que luego digas q te faltan detalles...:)

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